martes, 14 de marzo de 2017

Una historia increíble. El médico que recorre 86 mil kilómetros en bicicleta

El médico Stephen Fabes residente de Londres, estuvo seis años de su vida viajando en su bicicleta por todas partes del mundo. Un viaje donde se vio obligado a dormir en escuelas, iglesias, mezquitas, comisarías, monasterios y cuarteles… Hoy piensa que el mundo es un lugar mucho mejor de lo que nos hacen creer.


12 cadenas de bicicleta, veinticinco neumáticos, 8 guayas de freno, algunos discos de freno y dos sillas de montar esa serán más o menos las partes de bicicleta que deberás cambiar si tu plan es recorrer 86 mil kilómetros al visitar cuatro continentes. Y es interesante que tengas en cuenta que tendrás que reparar unos 200 pinchazos.
El médico Stephen Fabes recorrido de África a Asia, de Europa a América, todo ese recorrido pedaleando, con la única excepción de los vuelos intercontinentales.
Nos conseguimos en la capital de Georgia, Tbilisi, cuando se preparaba para regresar a casa. Luego de haber hecho una gira por todo el país, lo declaró uno de los más bonitos que habias visitado. En Georgia lo cautivo el otoño.
“Existe un espacio de cinco días cuando los árboles cambian de color y me encontraba en Svaneti, en el noreste de Georgia. ¡Fue maravilloso! Nunca antes había visto nada parecido…. Montañas cubiertas con un color óxido, fue realmente genial”.
Su viaje termina donde comenzó: en el Hospital St. Thomas de Londres, donde en el año 2010 se despidió de sus compañeros y comenzó su viaje.
En el primer dia, casi se da por vencido. Su primera parada fue en un bar local. “Pedalee al bar donde tuve la idea de emprender un viaje así. Invite a mis amigos y luego de varias horas de beber comencé a pensar que lo mejor era regresar a mi apartamento, que estaba a la vuelta de la esquina, y comenzará al día siguiente, pero amigos me convencieron de continuar con este plan”, recuerda.

Ver lo más difícil para comprender

Dependiendo de la estación del año y el lugar en el que se encontrara, recorrió alrededor de 40 y 100 kilómetros diario, y vivía cómodamente con menos de 10 dólares diarios incluyendo el alojamiento.
El principal propósito era recaudar dinero para una organización benéfica británica Merlin (Ayuda de Emergencia Médica Internacional), pero poco a poco comenzó a interesarse más y más en las personas marginadas que se conseguía en su ruta. “sentí que podría aprender acerca de la sociedad en general viendo el comportamiento de las personas que no estaban integradas a ella”, explicó.
He ahí la razón por la que se involucro en proyectos de salud sin fines de lucro cuando estaba en Asia, también sucedió lo mismo en Camboya y en una clínica en Tailandia y Birmania especialistas en tuberculosis.

En Birmania se consiguió con refugiados que tenían que salir para poder ser atendidos

“las organizaciones sin fines de lucro no estaban haciendo mucho trabajo en el interior de Birmania en ese momento, por lo que los refugiados que cruzaban el río, en su mayoría eran miembros de la comunidad Karen y repudiados porque tenían VIH, con frecuencia recibían tratamiento en esa clínica”, relata. Además “recuerdo haber visto a una mujer que estaba a punto de morir. Estaba totalmente demacrada; tenía días o semanas de vida, y junto a él se encontraba un monje budista. La habían dejado en el monasterio, y a él le habían dicho que se fuera del monasterio para sanar”.

Continuó recorriendo los continentes, disfrutando de los maravillosos paisajes y visitando lugares donde hacen falta algunas organización sin fines de lucro, tal cual a las que el planea buscar financiamiento.

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